Tendencia Boomerang

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Leobardo Rodríguez Juárez

Twitter: @Leobardorj

Bernie y su revolución (nuestra revolución).

En 2016, fuimos testigos de una las escenas de disciplina partidaria más elocuente de los últimos tiempos; en la Convención Nacional Demócrata de aquel año, el Senador por Vermont, Bernie Sanders votaba públicamente por Hillary Clinton como candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de Norte América. La campaña había resultado desgastante para todos los perfiles que buscaron la postulación en ese año, Clinton nunca logró sacudirse el fantasma del hackeo de su cuenta de correo electrónico personal y Sanders se hundió entre los señalamientos de ser un candidato socialista, etiqueta que puede producir terror para el votante promedio.

El resultado de la elección en el 2016 es por todos conocido, Donald Trump venció a Hillary Clinton gracias a la compleja fórmula electoral que los “padres de la democracia” crearon para mantener sus equilibrios fundacionales y que siguen aplicando a pesar de ser anticuada y obsoleta.

Han sido cuatro años de auténtico terror para algunos sectores de la sociedad norteamericana, sobre todo para los inmigrantes y grupos vulnerables. El estilo de gobernar de Trump ha estado caracterizado por el autoritarismo y las constantes denuncias de excesos y recurrentes conflictos de intereses. Subrayo que ha sido de terror para algunos sectores porque existen bloques de preferencias que se mantienen leales al mandatario americano, sobre todo los radicales republicanos que empujaron su triunfo ante la intentona de juicio político por parte de los demócratas que acusaron la intromisión de un gobierno extranjero para perjudicar a Joe Biden, el vicepresidente de Obama que también aspira a la nominación demócrata.

En este contexto de polarización, surge la figura del veterano político que se ha autodenominado como un socialista democrático. Sus principales propuestas y rasgos biográficos fueron delineados en su libro “Our Revolution. A future to believe in” (Nuestra Revolución). Cuando habla de su vida política en Vermont, marca distancia con la clase política tradicional (establishment), se asume como el congresista independiente que más tiempo ha estado en el cargo de la historia, se describe como pacifista y plantea su estatura moral al diferenciar su camino al de los demás, el suyo ha sido un camino de esfuerzo y trabajo duro desde los condados más pequeños de su estado.

En la segunda parte del libro detalla su agenda para una “Nueva América”, es su hoja de ruta para transformar el país. El documento está cargado de un amplio contenido ideológico, su primera consigna es derrotar a la oligarquía, ya que es la única manera en la que se reestablecerá un nuevo orden democrático que permita distribuir mejor la riqueza y evitar que todo permanezca en un puñado de millonarios que compran elecciones y de gobernadores que niegan el derecho al voto a las personas pobres o de color. En materia económica, su propuesta es impedir que las empresas utilicen los paraísos fiscales para eludir impuestos; crear una tasa “Robin Hood” para los especuladores de Wall Street; concluir con las exenciones fiscales y los subsidios a las grandes empresas. De su propuesta, destaca el establecimiento de sistemas de salud universal (Medicare for all) y que todos los estudiantes puedan ingresar al nivel universitario (College for all).

La carrera demócrata apenas inicia, pero ya es distinta  a como se encontraba en el punto cero; en los Caucus de Iowa, un enrarecido proceso puso a Bernie en segundo sitio, muy cerca de Pete Buttigieg, el candidato de 38 años que podría ser la nueva carta de los centristas ante el desplome de Biden y Warren. Sanders se convirtió en el favorito, gana en el Caucus de New Hampshire pero no arrasa, otra vez queda muy cerca de Buttigieg y se consolida una nueva alternativa en la persona de Michael Bloomberg que corre el mismo carril moderado. Sanders lidera las apuestas, posee la recaudación más alta con casi 160 millones de dólares en pequeñas contribuciones (menores a 200 dólares).

El gran temor a la candidatura de Sanders es que en la campaña, Trump lo muestre como un socialista que defiende a Evo Morales, que es compatible con Chávez, que vocifera que no deberían existir multimillonarios y que su propuesta está plagada de ofertas populistas.

Falta mucho camino por recorrer, pero la “revolución” de Sanders puede ser el antídoto a la inminente candidatura republicana de Trump, la cual de manera natural seguirá siendo radical, polémica y con recursos económicos e institucionales ilimitados. Bernie tiene la probabilidad de polarizar la elección y lograr que los votantes switchers que abandonaron a Clinton en 2016, salgan a votar y eviten una catástrofe política con un segundo periodo de Trump, una catástrofe no sólo para los americanos sino para el mundo entero, tal como lo apuntó Luiís Bassets en el diario El País: “Con cuatro años más, esta y muchas otras reglas quedarán alteradas por la concentración de poder presidencial y el definitivo repliegue aislacionista. Hará época, y en dirección abiertamente autoritaria. La clausura de la etapa de 70 años de compromiso con Europa, iniciada en el primer mandato, quedaría así definitivamente instalada en un nuevo mapa multipolar, propenso a la proliferación nuclear, a los populismos nacionalistas y a cambios de frontera como los que ya hemos conocido en Crimea. Sufrirían, quizás hasta la ruptura, el vínculo transatlántico y el proyecto de unidad europea”.

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